La cultura comunitaria: una apuesta a lo colectivo

La cultura comunitaria: una apuesta a lo colectivo

Con acordeón, charango, flauta, tambores, con burbujas y trajes coloridos, un grupo de payasos y payasas recibía a las más de mil personas que llegaban desde todas partes del país a la costanera de la ciudad entrerriana de Paraná. El Primer Congreso Federal de Cultura Viva Comunitaria nucleó a más de 200 organizaciones, espacios y colectivos que trabajan cotidianamente en el ámbito artístico y cultural con arraigo local, comunitario y colaborativo.

Por Natalia Andrea Vega

“Comunidades abrazando territorios” fue el lema del primer Congreso Federal de Cultura Viva en Argentina. “El Territorio para nosotres no siempre es una cuestión geográfica”, afirmaba la publicación impresa, compartida con cada asistente: “Es, ante todo, el espacio que nos deja ser y hacer. Es donde somos con otres, donde, más que participar, protagonizamos”.

Además de la territorialidad, otra de las premisas motoras del movimiento, es lo colaborativo. “Desde el fondo de la historia, los pueblos originarios nos dicen que el principio estructurante del poder popular es lo colaborativo”, expresó frente a cientos de congresistas uno de los ideólogos del movimiento, Eduardo Balán. “Colaborativo no quiere decir espontáneo”, agregó: “Exige esforzarse, trabajar bajo presión, meterle laburo para que las cosas sucedan. Laburo en la dirección correcta”.

Y es que las lógicas que se persiguen son diferentes a las que plantea el mercado capitalista, regido por la ley del más fuerte. Para Balán, “no se trata de tener organizaciones poderosas y encerradas en sí mismas, sino de tener organizaciones poderosas, flexibles, y que apuesten a procesos que no puedan controlar sino colectivamente. Es otra forma de teoría política revolucionaria”.

“No se trata de tener organizaciones poderosas y encerradas en sí mismas, sino de tener organizaciones poderosas, flexibles, y que apuesten a procesos que no puedan controlar sino colectivamente. Es otra forma de teoría política revolucionaria”.

Eduardo Balán, Movimiento Cultura Viva Comunitaria

Apostando a lo colectivo se realizaron círculos de la palabra, rondas entre distintas organizaciones para debatir sobre temas que atañen a la cultura comunitaria: legislación y políticas públicas, arte como herramienta de transformación social, comunicación, infancias y niñeces, feminismos, géneros y diversidades, pueblos originarios, derechos humanos, educación, deportes, coyuntura latinoamericana, otras economías, salud y buen vivir. Además, las expresiones artísticas provenientes de todas las provincias enriquecieron el encuentro: durante los tres días que duró, se pudo disfrutar de teatro comunitario, murga, baile, música, artesanías literatura y cine.

Cuando se leyeron las conclusiones en la asamblea de cierre resonó fuerte la expresión “plurinacional”, señalándose la necesidad de un compromiso real de apertura y reconocimiento a los diversos pueblos originarios que conforman el movimiento. “Tenemos mucho para sumar, somos personas con derecho necesitamos aportar y luchar por los derechos culturales de nuestros pueblos, nuestras infancias, nuestras economías”, sostuvo Eleonora Llanquinaer, de la comunidad Newn.

Tenemos mucho para sumar, somos personas con derecho necesitamos aportar y luchar por los derechos culturales de nuestros pueblos, nuestras infancias, nuestras economías

Eleonora Llanquinaer, comunidad Newn.

Emilia De la Iglesia, presidenta del flamante Instituto Argentino de Promoción de las Culturas Comunitarias expresó la necesidad de acompañar el pedido del cupo comunitario: “en cada festival, en cada feria, en las becas y subsidios a nivel municipal, provincial y nacional. Tenemos que exigir que haya un cupo comunitario y que en nuestros festivales haya un reconocimiento a las y los trabajadores de la cultura viva comunitaria”. Además, sostuvo la necesidad de articulación con la lucha socio ambiental.

Corrientes
Jóvenes del barrio Juan XXIII, protagonistas y gestores culturales.

La provincia de Corrientes dijo ‘presente’ en el Congreso en Paraná. Hacia allá partieron jóvenes de la Asociación Civil Juan XXIII junto a sus coordinadores, Nancy Coronel y Pato Villalba. Fueron también integrantes de la Cooperativa de Comunicación y Cultura Mombe’Uhá, del Festival Regional de Cine Rural, del Centro Cultural Ara San Juan, de la Cooperativa Ñanderekó, de La Utopía Grupo de Teatro Comunitario y otras organizaciones de trabajo cultural.

“Fue una fiesta, me sorprendió y me gustó muchísimo” comparte, entusiasmada, Diana Pintos, una joven de 23 años, amante de los deportes y que trabaja desde hace más de un año en actividades artísticas con niñes del barrio Juan XXIII. “Aprendí muchas cosas, conocí gente que trabaja en la cultura comunitaria y traje ideas que podemos implentar en el barrio, ver si funcionan o probar variantes de lo que hemos aprendido”.

Nicolás Benítez también es de la Asociación. Es profesor de folcklore, pero antes fue bailarín durante 11 años. Destacó la participación de jóvenes en actividades culturales. “funcionan como una puerta para conocer y compartir nuevas ideas, aprender más sobre nuestra cultura. Permiten que las personas puedan expresarse y compartir sus vivencias, su día a día”.

La impresión que dejó en él el encuentro fue positiva: “me quedo con nuevas ideas para poder seguir creciendo, y sobre todo mucho aprendizaje, alegrías y ganas de seguir avanzando y seguir ayudando a nuestra cultura”.

La Cooperativa Ñanderekó es un grupo de trabajo de chicas trans que se ocupa de crear elementos y accesorios de carnaval. Araceli López es comparsera y fue representante de la diversidad en 2019 y embajadora en 2020. Desde hace más de 6 años forma parte de la comparsa barrial Ñandé Mbareté en la que, en sus palabras, “se trabaja a pulmón, en equipo, en unión y en armonía”. En el Congreso en Paraná participó del Círculo de Feminisimos, género y diversidad sobre el que reflexiónó: “Siguen siendo las mismas problemáticas en todos lados. Tanto gays, lesbianas, personas trans y no binarios nos encontramos con la misma situación: la de luchar por nuestros derechos y hacernos oír. Se abren nuevas puertas y hacés conexiones con otro tipo de personas, porque coincidís en pensamiento, por afinidad y porque te aceptan así como sos”. “Vuelvo con nuevas amistades más allá de todo el aprendizaje”, concluyó.

En tiempos en que el mercado y el modelo económico realzan el individualismo y la competencia como modo de vida, la Cultura Viva Comunitaria se constituye como una política revolucionaria que reivindica el poder de lo colectivo. Se torna una invitación a tomar conciencia del rol profundamente transformador –y por lo tanto, político- del trabajo artístico y cultural.

Fotos: Natalia Andrea Vega

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